Una redondeada por el amor de dios
El pasado fin de semana, haciendo cola en una tienda de conveniencia, me volvió a tocar una situación desagradable: cuando me cobraron la cuenta me preguntaron que si quería redondear la cuenta y donar esos centavos a una campaña -no recuerdo cuál- y les dije que por supuesto.
El tipo que iba atrás de mí se indignó. Parecía que le estaban quitando su dinero, me dijo que no entendía que eso servía para que la empresa se clavara la lana y luego la usara para no pagar impuestos porque les daban un recibo deducible y quien sabe cuantas estupideces. Lo decía como si realmente estuviera informado de lo que hablaba.
No es la primera vez que me toca algo similar y por la actitud del tipo no busqué darle explicaciones, hubiese sido una pérdida de tiempo decirle que he trabajado para ese tipo de campañas y que la empresa recaudadora tiene una ganancia, claro, pero no monetaria, sino en imagen. A cambio, la AC que recibe el dinero junta más que si se pusieran a botear. Ambos ganan. Además, hay un control del dinero porque desaparecen esas anforitas junto a la caja que luego ordeñan los dependientes de algunas tiendas. Conozco gente que trabaja en algunas empresas únicamente organizando los redondeos en las diferentes ciudades, tramitan las entregas de cheques, revisan que las AC sean de verdad y no simples fachadas para sacar dinero (hay cada historia al respecto), verifican que se use para lo que está destinado y un largo etcétera.
Finalmente, y como el tipo no dejaba de hablar, como si me estuviera convirtiendo a su religión, le contesté que prefería que me vieran la cara de endejo a que pensaran que soy un hijo de la ingada. Además, muy mis centavos.
Espero que haya entendido, aunque lo dudo.
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- Published:
- 09.17.09 / 8am
- Category:
- El columnista (im)posible, mitos
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