Los sueños sueños son…
Hace días que el principal comentario en la TV es la caída del muro de Berlín. Un acontecimiento sin duda crucial en la historia de la segunda mitad del siglo XX.
Notas van y vienen y nos recuerdan que ese muro no era para impedir una invasión, sino para detener a un pueblo (o quizá sí lo era, buscaba detener la invasión de una ideología contraria a la oficial).
20 años después, la euforia a bajado al grado que en dos semanas ya nadie hablará del suceso. Los defensores del libremercado encontrarán otra bandera y los defensores del comunismo dejarán de voltear a otro lado. Fue una de esas revoluciones de terciopelo, contrarias a tantas anteriores, desde la francesa hasta la nicaragüense, pasando por la mexicana, la cubana y la rusa. Que no hubiera un solo tiro ya era ganancia.
Y sin embargo, no todo es felicidad. El brusco camino trajo una desigualdad apabullante que se mantiene desde Rusia hasta Rumania, pasando por Ucrania y todas las nuevas repúblicas que, si me pusieran uno de esos exámenes de la secundaria donde preguntaban las capitales de Europa, seguro no le atino a muchas, cuando antes me las sabía todas.
Nunca he escuchado de un alemán oriental que tras la huida regresara al otro lado de la cortina. Quizá los hubo. Y digo quizá porque eso no solamente pasa en Europa, acá de este lado, me he acordado en estas semanas de dos conocidos que salieron de Cuba y están pensando seriamente en regresar a la isla: ni en México ni en USA le ha ido como ellos pensaban. Están hartos del desprecio que sufren y de las privaciones (además del frío al que no están acostumbrados y menos cuando vives mal). Parece extraño escuchar eso cuando tantos hablan de las bondades del sistema y del sueño americano. Y es que los sueños sueños son, a veces terminan en realidad, a veces en pesadillas y a veces ni en eso.
Y, sin embargo, son la minoría, porque ya Mariel demostró con creces que la barda acuática es un muro similar al que hay entre Israel y Palestina o entre México y USA o entre Melilla y Marruecos. Aunque se trata de muros que impiden la entrada, no la salida. Esa es una gran diferencia.
Adendum. Este añadido es el que me hizo subir el comentario (no todos los que escribo terminan en el sitio). Hablé con un amigo mutuo de uno de los cubanos que quiere regresarse. Dice que en Cuba no tenía mucho que hacer y sobrevivía con sus cosechas en el patio de casa de sus padres y haciendo eventuales trabajos extras de plomería. No necesita más par llevarla. Cuando lo escuché, entendí que el pobre había perdido toda esperanza de mejorar su vida. Es la viva imagen del conformismo. Espero que en Cuba lo acepten con los brazos abiertos.
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- Published:
- 11.10.09 / 10am
- Category:
- Desde algún lugar, El columnista (im)posible
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